lunes, agosto 13

Solo.

Hay que aprender a vivir sin el gato, sin la mesa, con la silla de enfrente vacía, con el buzón de entrada lleno de porquerías.

Tendremos que comprarnos más libros, pasarnos más música, hacer más arte. Tendremos que sentarnos o acostarnos a llorar hasta deshidratarnos.
Si en definitiva sabemos que lo que extrañamos no es aquello que ya olvidamos hace tiempo, sino la precencia.

(A quienes tenemos el si fácil)

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