Envuelta en esperas, la niña entendió que el niño no vendría por ella. Ya hacía rato que él había abandonado el mundo imaginario, pese a que ella había llegado a creer que nunca lo haría.
Fiel a su promesa, niño leal, ni bien uno de sus pequeños pies pisó tierra real le envió esa señal. Ella siempre tan envuelta en problemas y calamidades, siempre tan envuelta en lo que sea, tan distraída ella estuvo que olvidó recordar. Confundió todo y así como así lo hechó a perder.
Ahora pasea por la realidad como de costumbre suele hacer la gente grande y común, pero carga con esa desaparición en su sombrero. ¿Dónde estará el niño? ¿Cómo es posible no haber escuchado su grito? ¿Cómo se aprende que al pasar por su pueblo y no encontrarla siguió camino?
La niña se acurruca en posición de niña como debe ser, y se cuestiona lo mal desenvuelta que es. Tanto que soñó mano con mano con el niño en el reencuentro, en el después, en el amparo... ahora se encuentra desorbitada.
Cae dormida, pensando que el niño seguramente ya estará durmiendo otra vez.
De "El mundo imaginario", por Alumbra
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