Me quema, me quema el aire que exhalás y yo inhalo y entonces sonrisa constante, impaciencia. Quema el lugar exacto donde cambia de nombre mi espalda y que tengas la responsabilidad de haberme despertado de las pesadillas.
Ardés, ardés y picás de la forma más fantástica, más alucinante, más confortable que exista.
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