Es que no creo que debas venirte conmigo a tanta inmundicia, pero vos tan preciosamente insistís en que yo sí, en llevarme con vos... vos tan vulnerablemente me agarrás el cuerpo enrollado y lo enfrentás como un soldado incorrupto. Vulnerable a todo lo que yo te transformé en vulnerable. Porque yo sigo y sigo como si nada y corro hondo, y ahí donde escribo con letra de médico las miles de metáforas imperceptibles, ahí me arrastro y me suelo quedar.
Pero vos no. Vos volvés a darle forma a tus músculos entre el calor y el agua, y entonces no hay otra posibilidad que salir, que agarrarte la mano, porque me podés.
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