miércoles, febrero 17




Ella era implacable pero hermosa. Imperfecta pero sabia. Generosa abrazaba lo eterno; sabía quitar penas y echarlas al viento, reverdecer lo más hondo.

Ella era la caja donde puse lo hallado, el rincón de uvas sabrosas. Lo que le pedía me daba, y felicidad, felicidad, felicidad...

Su muerte lenta y pesada aún me acosa por los pueblos y no puedo secarme ante una, dos estrellas. La necesito, me desgarro. Y aunque sé, ya no es mía, quiero volver a ella.

(a las dos manzanas de pasto)

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