En una de esas, uno vuelve a casa cual hijo pródigo, y ahí la cuna de siempre lo hamaca. Sin cuestionar, sin repetir, sin reclamar, sin ordenar, sin llorar, sin convertir, sin embargo duele. Pero es a uno a quien corresponde ese dolor.
El error no suele ser bien entendido.
El error no es equivocarse sino haber muerto.
El error no suele ser bien entendido.
El error no es equivocarse sino haber muerto.
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